El mensaje va cargado de esperanza pero no por eso deja de ser claro: la sociedad mundial tiene poco tiempo para establecer estrategias que verdaderamente se apliquen y permitan contrarrestar el calentamiento global. El cambio climático no es una amenaza sino una realidad y la responsabilidad del ser humano en el mismo es indiscutible: hemos destruido el equilibrio natural.
Pero la emisión de gases contaminantes no es el único problema del planeta. La reducción o incluso destrucción total de bosques, selvas y toda superficie forestal minimiza cualquier esfuerzo para paliar el calentamiento terrestre; es decir, de poco sirven los planes e intenciones de los países industrializados de reducir los gases de invernadero si no procuran también el rescate de los ecosistemas silvestres. Que lo escuchen en Copenhague.
El llamado se emite desde Mérida, Yucatán, el IX Congreso Mundial de Tierras Silvestres-Wild9, donde más de mil 300 investigadores, integrantes y líderes de organizaciones ambientalistas, fotógrafos, documentalistas, aventureros e incluso algunos representantes gubernamentales analizaron la segunda semana de noviembre los retos de la humanidad frente al cambio climático.
La estrategia planteada es clara: rescatar las tierras silvestres. Los bosques, selvas y zonas forestales que funcionan como filtro de las emisiones de carbono; en la medida que son destruidos por la agricultura, el crecimiento poblacional y la actividad industrial y turística no sustentable, es menor la cantidad posible de gases de invernadero que se evitaría llegaran a la atmósfera. Las consecuencias, según lo expuesto a lo largo de una semana, no las pagarán los países industrializados, sino aquellos más pobres o las zonas menos desarrolladas del planeta, las de menor infraestructura y recursos, las que han sido sobreexplotadas en detrimento de sus ecosistemas. A decir del líder de Sanctuary Asia, Bittu Sahgal: “Nosotros no provocamos el problema, pero pagaremos el desastre”.
Mario Molina, el Nobel mexicano de Química, lo enfatizó también: la temperatura del planeta va en aumento y con ésta, el deshielo, el desequilibrio de la cadena de ecosistemas que componen el entorno y que terminará, como lo ha hecho en los últimos 30 años de sequías y tormentas más intensas, por afectarnos a nosotros mismos. Frente a ello postuló opciones como un uso más eficiente de la energía y nuevas formas para su generación, como el viento en lugar de combustibles fósiles, y el rescate de zonas forestales y silvestres como una estrategia para “secuestrar” el carbono y el metano que emitimos como derivados de nuestras actividades productivas.
El problema frente a esta propuesta es que “ya no hay lugar en el mundo no tocado por la mano del hombre”, según afirmó Thomas Lovejoy, investigador, ambientalista, actualmente jefe de asesores en Biodiversidad para la Presidencia del Banco Mundial y presidente del Centro Heinz para la Ciencia, Economía y el Medio Ambiente. “Como humanidad”, afirmó, “no hemos alcanzado a comprender la importancia de las zonas silvestres. El ser humano deforma el ambiente y fragmenta los diversos hábitats naturales interviniéndolos y dificultando la supervivencia de las especies que lo conforman, desde el más pequeño insecto hasta el más grande mamífero”, según los señalamientos de Lovejoy. Por citar un ejemplo, recuerda el incremento en el nivel de acidez del mar, estimado en 30 por ciento, que pone en peligro a todas las especies que generan estructuras de calcio, como los corales y crustáceos, elementos esenciales de la cadena submarina. “Es cierto que juntos podemos hacer la diferencia, pero no tenemos mucho tiempo”, aseveró a su vez Sylvia Earle, directora y creadora de la Fundación de Investigación Profunda. “Cada año las oportunidades son menos… si creemos que vamos a desaparecer, entonces eso pasará, pero si creemos en cuidar la naturaleza y nuestros recursos para vivir mejor, entonces eso es lo que ocurrirá”.
En conjunto los líderes de movimientos ambientalistas e investigadores cabezas de proyectos de rescate emitieron el llamado Mensaje de Mérida, el cual fue enviado directamente a la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se realizará en Copenhague en diciembre próximo. El Mensaje de Mérida, declaratoria principal del Wild9, deja en claro que la emisión descontrolada de carbono está llevando el clima a puntos críticos irreversibles: “Estamos contaminando nuestro planeta con toxicidad penetrante, destruyendo la diversidad de vida… agotando los recursos de agua dulce… ocasionando el colapso de las pesquerías”.
Como consecuencia del daño al ambiente, agrega el documento, “estamos agudizando la pobreza, debilitando estructuras sociales y amenazando la seguridad mundial”. En el mismo encuentro representantes de los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá firmaron un Memorándum de Entendimiento y Cooperación para la conservación de tierras silvestres, en tanto que representantes de empresas como Cemex, Bimbo y Coca-Cola México presentaron un “compromiso corporativo” por sumarse al trabajo de conservación, aun cuando en conferencia de prensa posterior a la presentación del acuerdo reconocieron que no existía ningún plan u objetivo determinado.